jueves, 3 de octubre de 2013



Y digo «pro­pia» y no «ajena», porque ya es hora de que dejéis de con­sideraros seres superiores que pueden ilustrar, guiar, su­blimar, moralizar y dar lecciones a cualquiera. ¿ Quién os garantiza esa superioridad? ¿Dónde está escrito que ya pertenecéis a una esfera superior? ¿Quién os ha nombrado miembros de la aristocracia? ¿Quién os ha dado patente de Madurez? ¡Oh, no! El escritor de quien os estoy hablando no se entregará a la escritura por considerarse maduro, sino precisamente por conocer su inmadurez y saber que todavía no se ha hecho dueño de la forma, que es alguien que se está encaramando, pero que de momento no ha al­canzado la cumbre, alguien que está en el proceso de ha­cerse a sí mismo, pero que aún no se ha hecho. Y si ocurre que ha escrito una obra chapucera y desmañada, dirá: «¡Perfecto! He escrito una bobada, pero lo cierto es que no firmé con nadie un contrato para suministrar sólo obras sabias y perfectas. He puesto en evidencia mi simpleza y me alegro de ello, porque la mala fe y la severidad huma­nas que he desencadenado me plasman y me labran re­creándome en cierta manera, y así vuelvo a nacer por se­gunda vez». De ahí que el poeta provisto de una filosofía sana esté tan afianzado en sí mismo que ni la necedad ni la inmadurez le dan miedo o lo incomodan. Puede expresar­se y revelarse en toda la magnitud de su indolencia con la cabeza erguida, mientras que vosotros no sois capaces de expresar casi nada, porque el miedo os estrangula la voz. 



Ferdydurke (W. Gombrowicz)

No hay comentarios:

Publicar un comentario